El lenguaje inclusivo y lxs mujerxs

Los seres humanos, hemos aprendido a definirnos históricamente de forma “binaria”: hombre/mujer, masculino/femenino. ¿Pero qué sucede cuando las personas optan deliberadamente por hablar de chiques y amigues, aún cuando los lingüistas lo reprueban? Las lenguas son organismos vivos que se modifican conforme una sociedad cambia, y el uso común del morfema -e, en el español, está mandando una señal clara de transformación social.

¿Qué es el lenguaje inclusivo?

Cada vez más escuchamos esa “e” que aparece en las conversaciones de los hispanohablantes. ¡Bienvenides todes, amigues! Y aunque de pronto se nos tropiece la lengua, ya no es raro que algunes de nosotres empecemos a usarlo de manera cotidiana. ¿Pero te has preguntado de dónde viene todo esto? ¿Es realmente una evolución del lenguaje, como lo llaman los activistas, o una “construcción lingüística ridícula” como algunos intelectuales lo consideran?  

El lenguaje inclusivo, en pocas palabras, se refiere a una forma semántica de nombrarnos sin el uso binario del lenguaje (femenino/masculino). Se conoce también como “lenguaje incluyente”, “lenguaje neutral”, “no sexista” o “no binario” y se emplea cada vez más en disciplinas que estudian el efecto del sexismo en el lenguaje y en diversas causas sociales, sobre todo las asociadas al feminismo y a la comunidad LGBTTTIQA.

Desde hace casi cien años, los antropólogos lingüistas y los sociólogos del lenguaje han realizado estudios de cómo las lenguas se modifican conforme una sociedad se transforma. La discusión, sin embargo, esta vez es más controvertida, pues si bien hace unos años se aceptaron anglicismos como los verbos «escanear» o «chatear», hablar de alumnes, de amigues y de todes, implica modificaciones estructurales del lenguaje que la Real Academia Española, al parecer, no está dispuesta a negociar.

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“El uso del morfema -e como marca de género es ajeno al sistema morfológico del español, además de ser innecesario, pues el masculino gramatical funciona como término inclusivo en referencia a colectivos mixtos, o en contextos genéricos o inespecíficos”.

La realidad social y el lenguaje inclusivo

El objetivo de cambiar las palabras que nos definen socialmente, es evitar que exista un sesgo hacia un género o un sexo en particular. En el español y el francés, por ejemplo, que son lenguas con raíz latina, existe una norma semántica que usa el idioma del hombre como “norma genérica o estándar”; cuando se habla de una actriz (mujer) o un actor (varón), en el lenguaje inclusivo para una persona no binaria decimos “actor”; o bien, cuando hay hombres y mujeres en una conversación nos dirigimos a “ellos”.  Esta situación, de acuerdo con lingüistas feministas, promueve una “superioridad masculina”, como cuando nos referimos a la especie humana como “el hombre” (en inglés mankind) o cuando nombramos una profesión en femenino como “la ingeniero o la músico”.  

Para muchos, este tema podría parecer irrelevante, sin embargo, varias posturas académicas han demostrado que la forma cómo utilizamos el lenguaje afecta de manera directa nuestra conciencia, la percepción de la realidad, la forma como entendemos nuestra cultura e incluso nuestra socialización.

Daniela Sea, actor y activista no binarix, en su participación como DJ en ELLA México 2020
El lenguaje no binario en la práctica

En los años recientes, se ha empezado a normalizar el uso de -e o -x para referirse de manera incluyente a las personas en textos escritos o discursos orales, pero hay grandes controversias sociales que van más allá de la ligüística. Recordemos lo que sucedió en Argentina: El presidente electo Alberto Fernández se dirigió a un grupo de estudiantes de secundaria con lenguaje inclusivo y los saludó con un “buenos días amigos, amigas y amigues”. Si bien los asistentes recibieron con naturalidad su discurso, cuando los más de 500 millones de hispanohablantes que habitan en el mundo conocieron la noticia, reaccionaron de forma diferente: ¡que esté diciende este señeeeer! El debate se convirtió en memes, por supuesto.

Y es que la situación no es fácil, como explica para la BBC José Luis Moure, director de la Academia Argentina de las Letras: “No sólo se trata de cambiar los sustantivos acabados en ‘e’ sino también los adjetivos, artículos y demás componentes de cada oración para que concorde. Eso implica un esfuerzo similar a aprender una lengua extranjera”. Además, asegura Moure, es necesario comprender de fondo el sentido del género y separar la ideología de la lingüística, pues algunas situaciones -de violencia- se han generado por diferencias más bien políticas que no tienen nada que ver con el idioma.

La realidad de los hispanohablantes indica que hay cada vez más estudios universitarios (como este), donde hay evidencia suficiente de que las nuevas generaciones utilizan el lenguaje inclusivo de manera cotidiana en todos los medios (9 de cada 10 alumnes) sobre todo en las redes sociales, y promueven incluso que sus evaluaciones escolares se apliquen usando este lenguaje.

El idioma neutro en el mundo

El tema de la modificación del lenguaje en los países del mundo -con todo el pesar de los puristas- parece estar ganando un round a la vez. Es claro que los gobiernos de diferentes países están haciendo un esfuerzo general por eliminar el lenguaje sexista y están buscando un lenguaje “neutro”.
En Francia, en 2012, el primer ministro François Fillon, eliminó la palabra “mademoiselle” (señorita) de toda la comunicación pública, en tanto fue considerado un término discriminatorio y, en México, la Secretaría de Gobernación hizo una publicación con recomendaciones para reducir el uso del lenguaje sexista.

En Estados Unidos, aunque el inglés no es un idioma sexista en su estructura lingüística, desde 2015 considera oficialmente el pronombre “they” para personas no binarias, publicado en el prestigiado diccionario Mirriam-Webster.

En el idioma alemán, que está mayormente constituido por género, caso y número; están considerando el gerundio para hacer construcciones más neutras, y el Rat für deutsche Rechtschreibung (Consejo de Ortografía Alemana) ya está preparando un informe para hacer pública su postura ante este tema en 2022, del cual hay grandes expectativas, después de que un grupo de intelectuales alemanes se pronunciara en una carta al gobierno a poner “fin a las construcciones lingüísticas ridículas”.

Pero aunque muchos tratan de seguir los ejemplos internacionales, otros idiomas muestran más dificultades para la neutralidad, como el caso del lenguaje chino, en el cual los caracteres escritos tienen de manera inherente el sexismo. Por ejemplo, el caracter que representa al hombre, está vinculado a las cualidades positivas, como el coraje, y el caracter de la esposa está compuesto por una parte femenina y una escoba.

El caso de España sigue aún en las noticias, pues la Constitución Española tuvo una revisión en 2019 donde se proponía la redacción con un lenguaje inclusivo (sustituir algunas palabras terminadas en “o” y “a” por “x” y “e”). Después de meses de discusión, el dictamen de la RAE falló en contra, argumentando que el documento original cumple con su misión de expresar la ley, pero su forma debe cumplir con reglas establecidas para asegurar la unidad de la lengua.

¿Y hacía dónde va el debate mundial?

Los idiomas son organismos vivos que se modifican conforme una sociedad cambia, y el uso común del lenguaje inclusivo, está mandando una señal clara de transformación social. En este sentido, se considera como una tendencia natural que los idiomas del mundo, empiecen a modificarse en los próximos años.

Las investigaciones ya han puesto en evidencia la falta de valoración y la degradación de la mujer en el lenguaje, además de fundamentar la relación entre “lenguaje, pensamiento y realidad” que nos impacta de manera indirecta (¿inconsciente?) como parte de la sociedad.

Esta realidad será difícilmente silenciada y es más probable que avance hacia un nuevo orden social. En palabras de la académica española Teresa Medana, “una lengua que no se modifica sólo está entre las lenguas muertas”.

Así que, amigues, todo indica que vivimos un momento histórico en el que, quizá un día, todxs lxs mujerxs del mundo podamos vivir libres y respetadxs, desde la forma como nos nombremos a nosotres mismes.

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